MISIÓN JUVENIL: TESTIMONIO
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Entre tanto juego en el blog, habíamos olvidado su lado evangelizador. Como Jesús dice: "Yo soy la Vida", también nos toca hablar de esta Vida que nos hace felices, es Dios quién nos ama y desea que mediante nuestro testimonio, lo demos a conocer, y por esto la misión. Y es por esto que gracias a Padre Marco, recuperamos un testimonio referente a la misión y a la amistad. No sé de quién es, pero de todas maneras interesante y contructivo. Espero que lo lean entero. Importante es leer no solo lo que nos hace reír y entretenernos, sino que además y con mayor razón "lo que nos hace crecer y ser felices"
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TESTIMONIO DE AMISTAD Y MISIÓN
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“¿¡Pero de verdad no conoces Be Bop a Lula?¡”. Me parecía que mi amigo se estuviera perdiendo algo demasiado importante. “Te lo presto, es super interesante”. Tenía catorce años, Be Bop a Lula era mi revista preferida, hablaba de música y favorecía un diálogo entre jóvenes en búsqueda de un ideal por el que vivir. Ya desde el año anterior salía a la calle con mis tíos para recoger firmas en favor de unos cambios hacia unas sociedad más justa.
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Mis libros preferidos, mis discos, siempre estaban prestados.
Es una ley de la vida: cuando vivimos algo bello, cuando una pasión nos anima, nos sentimos empujados a comunicarlo y compartirlo con los demás. Y, ¿existe una pasión más grande, un interés más profundo que la felicidad? Entonces empecé a contagiar a mis amigos en la búsqueda de la felicidad, del significado de nuestras existencias.
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Cuando -a pesar de mis prejuicios- intuí que lo que buscaba estaba presente dentro de la amistad cristiana y era la persona de Jesucristo, percibí haber encontrado el gran tesoro de la vida. Todo cambiaba. No podía detenerme, les decía a todos mis amigos: “Mira, lo que estábamos buscando juntos existe. Averígualo, comparte conmigo la experiencia de amistad con esta nueva compañía”.
A lo largo de los años me he dado cuenta, cada vez más, que todo hombre –aunque no siempre sea conciente de ello– no desea otra cosa que la Belleza presente dentro de la comunión cristiana. El corazón del otro, si no me quedo en un análisis superficial, está bien hecho. Y, si lo que nos une es hermoso y verdadero, queremos que cualquiera que me conozca lo entienda, que descubra esa belleza, que se abra a esta verdad. No son necesarias demasiadas “premisas” o no sé qué estructuras, porque la comunión con mi compañero de la U o de trabajo es posible, al tiro, por el desbordar en él de la gratuidad que me llena a mí. Por lo tanto, percibo con fuerza la necesitad de vivir hoy una pertenencia, la experiencia de una paternidad sobre mí, de una amistad. “Misión” significa que alguien me manda, que soy hijo, amado. Por eso, a mi vez, puedo ser padre de otros.
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No sólo. Cada vez más me sorprende el hecho de que todo encuentro, toda circunstancia, todo rostro se me ofrece para volver a descubrir, gustar y amar más a la persona de Jesús. “Verifico” la experiencia que tengo de él, y la certeza en él crece, porque “sorprendo” en acto su capacidad de hacer nuevas todas las cosas, veo el deseo de plenitud que en el otro vuelve a despertarse por el hecho de percibir un camino de respuesta.
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En fin, un ejemplo que saco del presente. Si alguien se acercara al padre Martino y a mi, en los momentos en que compartimos, en que conversamos, en que nos corregimos, en que simplemente nos molestamos o nos reímos, en que juzgamos las cosas que nos han pasado, en que nos contamos lo que nos ha conmovido, lo que nos ha disgustado, lo que estamos aprendiendo...resultaría evidente que hay algo más grande que nos une. Yo primero agradezco por esto. Me resulta evidente que este “algo más” no es un programa pastoral y que viene antes de cualquier actividad que desarrollemos juntos.
Todo brota del deseo que otros participen de este “algo más” que hay entre nosotros. De esto se trata: amistad y misión.
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PASTORAL JUVENIL
Cristo Peregrino